En el corazón de Andalucía, Ronda se alza majestuosa, uniendo historia y naturaleza en un paisaje único. Del 3 al 7 de junio, la ciudad será epicentro del IX Ronda Guitar Festival, un encuentro internacional que celebra la guitarra como lenguaje universal. Artistas de todo el mundo cuentan historias que llenan Ronda de emoción y cultura.
En el latido de Andalucía, donde las callejuelas empedradas guardan historias y el cielo se viste de colores como una copla al caer el día, se alza Ronda: majestuosa, eterna, suspendida entre acantilados y memorias. Esta ciudad será nuevamente el alma del IX Ronda Guitar Festival, un encuentro internacional que va más allá de la técnica para convertir a Ronda en un santuario dedicado a la guitarra y la cultura que la envuelve.
Del 3 al 7 de junio, las cuerdas no solo suenan, sino que cuentan historias. Paisajes sonoros que cruzan continentes y se funden en un idioma común: la emoción. Desde la pasión ardiente del flamenco andaluz hasta la precisión lírica de la guitarra clásica europea, pasando por resonancias de Asia y América Latina, este festival reúne a artistas que saben que tocar guitarra es, en esencia, narrar.
Al caer la tarde, Ronda se transforma. El ruido se desvanece y un murmullo se extiende entre sus piedras. Las guitarras llegan como si las trajera el viento, desde Italia, Taiwán, México, Turquía, Austria, Venezuela, Uruguay, Francia… y desde el corazón mismo del sur.
En la Capilla del Convento de Santo Domingo, joya suspendida entre historia y silencio, cada concierto es un ritual. Las paredes antiguas no solo acogen el sonido; lo amplifican y bendicen. Allí, la guitarra clásica acaricia el aire con la delicadeza de un suspiro, la flamenca lo corta con la intensidad de un grito. Algunas se buscan, otras se encuentran. Todas hablan y relatan su propia historia.
IX Ronda Guitar Festival
- Cinco noches, cinco rutas musicales
El viaje comienza con un vibrante encuentro de tres mundos: Giovanni Grano, desde Italia, desliza la elegancia de la guitarra clásica; Jimmy Liu, de Taiwán, aporta una sensibilidad casi mística; y Manuel Alonso, desde México, fusiona el alma del flamenco con los colores del mestizaje americano.
Después, la guitarra se vuelve puente entre civilizaciones. El turco Sinan Ersahin despliega melodías cargadas de nostalgia oriental, mientras el austriaco Florian Palier domina el arte clásico con precisión casi sinfónica. Paco Seco, desde Andalucía, encarna el duende que da vida y raíces a cada nota.
La escena rinde homenaje a la esencia española: Javier García Moreno sumerge al público en la riqueza armónica de la guitarra nacional, mientras Rubén Parejo equilibra técnica y emoción en una expresión sonora genuina.
El festival abraza una velada de romanticismo y profundidad. Ricardo Barceló, desde Uruguay, abre las puertas a la poesía sudamericana; Philippe Villa, desde Francia, convierte cada acorde en un suspiro del siglo XIX; y Juan Lorenzo, italiano con alma gitana, devuelve el flamenco a su esencia más visceral.
La última noche es un encuentro íntimo y diverso: Jonnathan El Barouki trae los sonidos tradicionales de Venezuela, mientras el Yardem Dúo transforma el escenario en un rincón encantado donde los romances españoles cobran vida en la armonía de dos guitarras que respiran al unísono.
Cuando todo termina y la última nota se desvanece en las paredes del convento, queda algo suspendido en el aire. No es silencio. Es memoria. La certeza de que, por un instante, el mundo habló sin necesidad de palabras.
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