El invierno es un época especialmente difícil para los animales, al frío se le suma la escasez de alimentos. Cada especie se las arregla como puede, algunas migran a zonas más cálidas, otras cambian el pelaje o lo pasan durmiendo.
La hibernación o sueño invernal supone una reducción drástica de la temperatura corporal, disminución del pulso y la respiración y reducción de la actividad cerebral. El consumo de energía se reduce al máximo y, de esta manera, también la necesidad de alimentación. Los animales se refugian en nidos o cálidas madrigueras donde viven de las grasas almacenadas hasta la llegada de la primavera.
Los animales de sangre fría como ranas, tortugas o serpientes, se vuelven inactivos y pasan el invierno sin necesidad de buscar comida.
Los animales de sangre caliente, mamíferos y aves, tienen un sistema que les permite regular su temperatura interna. Aunque a más frió deben realizar un mayor gasto energético y necesitan más comida. Por eso, muchos emigran a zonas más cálidas. Otros, sin embargo, adaptan sus pieles o plumajes para volverlos más densos y con tonos más claros para absorber mejor los rayos solares.
Algunos, incluso, aprovechan esta época para aparearse como la urraca, los zorros o los gatos monteses. El buitre leonado están criando y se pueden escuchar los cantos del petirrojo, trepador azul, chochín, cárabo, búho real y de la alondra común.
Las águilas reales también están en celo y se puede ver volar a algunas parejas en las zonas más escarpadas con espectaculares acrobacias y sonoros gritos.
Muchos insectos mueren por el frío, otros hibernan pero la mayoría pasa por esta estación del año en fase de huevo, oruga o crisálida.
Verrugosa andaluza (Chondrostega escobesae) es un endemismo del sur de la Península Ibérica, concretamente de las zonas altas de las sierras béticas, es decir, de Málaga (Sierra de las Nieves y Sierra Tejeda) y sierras altas de Granada y Jaén; este endemismo fue descrito en diciembre de 2015.
Aparecen en el invierno en las cotas altas de la Sierra de las Nieves, destaca la abundancia en el entorno de la meseta de Quejigales. Sobretodo a media tarde, mientras se alimenta entre la baja hierba y las piedras calizas, a veces se observan en grupos y otras solitarias, más activas en días soleados e inactivas en días fríos, fáciles de ver por sus llamativos colores y vello largo.
Tienen cuatro líneas de verrugas rojas longitudinales a lo largo del cuerpo, dos en el dorso, tienen abundante pilosidad blanca y amarilla en el dorso, la parte inferior es de color blanco amarillento.
Se alimentan de plantas del género Astragalus, Bupleurum, Erinaceae y otras.
Cuando visitemos un lugar donde puedan estar presentes, hay que tener cuidado, ya que podemos pisarlas, es frecuente que se encuentren ejemplares en mitad del camino.
Los huevos los depositan en forma de paquetes circulares alrededor de las plantas de porte bajo. Este endemismo, unidos a otros como los pinsapos, hacen de la Sierra de las Nieves un lugar excepcional.