Protagonistas de esta ruta son dos ejemplares de pinsapo singulares. Uno de ellos, catalogado de Monumento Natural, el Pinsapo de Las Escaleretas, y otro muy cercano, el Pinsapo del Puntal de la Mesa, que casi lo iguala en porte y longevidad, conocido también como “Falso Pinsapo de Las Escaleretas”.
Escaleretas es como se denominan los escalones en los que están dispuestas las lajas calizas de esta zona. Este corto sendero nos llevará a joyas botánicas como los pinsapos o los quejigos de montaña. Podremos observar la regeneración de jóvenes pinsapos, así como la presencia de un destacado sotobosque.
Al lugar de inicio se accede a través de la carretera A-397 (Carretera de Ronda a San Pedro de Alcántara) tomando la salida hacia el Camino de Quejigales, pasamos el Área Recreativa Las Conejeras y por el Cortijo de la Nava de San Luis, se llega a un punto donde veremos un cartel que nos indica: “Pinsapo de Las Escaleretas 1Km”, el lugar donde podremos estacionar el vehículo.
A partir de este punto inicia el “Sendero de la Escalereta”, este lugar se conoce como Llano de la Laguna y es reconocible por el hermoso pinsapo que crece en el ensanche del carril.
En los primeros tramos de este recorrido podremos contemplar un encinar bastante bien conservado y con mucha espesura, que nos va introduciendo por un excelente bosque mixto, donde destacan los pinsapos y los pinos negrales.
En nuestro caminar podemos observar la regeneración de jóvenes pinsapos, así como la presencia de un destacado sotobosque compuesto por jaras, algunos enebros, mejorana, matagallo, peonía, helechos y, sobre todo, gran cantidad de líquenes y musgos que tapizan las piedras y troncos de los árboles, realzando la ya de por sí apreciable belleza del lugar.
Esta vegetación indica la existencia de un microclima peculiar, mucho más fresco y húmedo, que junto con la presencia de un suelo profundo y rico en nutrientes, da lugar a la aparición de hermosos pies de pino negral y pinsapo, como podremos observar en un llano donde el camino gira hacia la izquierda. Es a partir de aquí cuando la regeneración del pinsapar se hace más patente, surgiendo numerosos individuos de diferentes edades que se acompañan a menudo por nuevas encinas.
El sendero que hay junto a ella está bien preparado con postes de madera y rejillas metálicas en los puntos en los que se cruza la acequia.
Son numerosos los carteles informativos sobre la flora que nos encontramos a nuestro paso.
A medida que avanzamos, la acequia se va haciendo más ancha y los árboles que la rodean más espesos, con lo que resulta un sendero realmente bonito.
Además será fácil poder comteplar las libélulas, ranas e incluso alguna mantis religiosa que merodean el agua.
El sendero abandona la acequia en sus últimos metros y sigue por un carril de tierra que lleva a dos miradores más.
En este punto podemos volver por el mismo sitio o continuar por el carril en un recorrido circular que nos llevará a la carretera y a la otra orilla del Guadalmina.